Yo conozco el país más dulce del
mundo. Tiene chocolates, confites, sorbetos, mermeladas, frutas frescas,
helados, galletas, repostería y todo lo demás que puedan imaginar. Nunca me
empacho de ir allí. Lo mejor de todo es que la entrada es gratuita y puedo ir
cuando quiera solo con cerrar mis ojos.
Es un país mágico, adónde todos
somos libres y podemos ser como somos. No tenemos que pretender ser quienes no
somos. El aire es puro y limpio. Hay pastos verdes y montañas por doquier. El
viento es frío, pero el sol nos calienta. Nadie ha conocido una temperatura más
perfecta que esta.
Todos comparten unos con los otros y se regocijan.
Aquí todos somos familia. No falta nada. Solo con tocar la puerta y se te
abrirá este mundo mágico. Está esperándote.
Alrededor de las montañas están los océanos. Llenos de
vida. Las montañas también están llenas de vida. La flora y fauna convive en
perfecta armonía con los humanos. No hay destrucción, humillación,
resentimiento, odio, recelo, malas intenciones ni nada que se le parezca.
Solo cierra los ojos, ahí está. Respira, ahí está. Abraza el sentimiento.
Déjalo fluir por tu cuerpo. Es maravilloso. Deja que los sonidos de las cataratas invadan tus sentidos e
inunden tu cuerpo con paz. De esto se trata. ¡Que sentimiento tan sublime! Y lo
mejor de todo, repito, ¡es gratis!
¿Saben cómo se llama este lugar? Se llama el cielo. ¿Saben quién es el que
nos invita a este lugar tan mágico todos los días? Se llama Jesús. Él nos toca
la puerta de nuestros corazones sin cansancio. Sin embargo, Él es un caballero.
Si no lo dejamos entrar, no entrará. Pero tengan por seguro que nunca se dará
por vencido.
Esta es una invitación a unirse a este mundo tan sublime y glorioso que
Jesús mediante Dios nos regala día con día. Es gratis y la puerta está abierta
todos los días a todas horas. Jesús siempre está escuchando y esperando.
Inténtalo y te sorprenderás.
Escrito por:
Alexandra Carmona Zamora
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